Fábula de los Picapedreros - Charles Peguy


Dejemos volar nuestra imaginación y retrocedamos en el tiempo, situándonos en aquella Europa de la Edad Media que se afanaba en la construcción de sus espléndidas catedrales góticas. Uno de los trabajos más sufridos, pero a la vez más importantes era el desarrollado en las canteras, donde se esculpían las piedras que luego conformarían catedrales y palacios. Charles Péguy, se acercó a una de esas canteras, donde estaban los picapedreros trabajando, martillo y cincel en mano, hasta dar forma de sillar a las gigantescas y caprichosas rocas. Los trabajadores están cubiertos de polvo y sudan copiosamente. Se acercó a uno de ellos y le preguntó: “¿Qué haces?”. El buen hombre, levanta la mirada extrañado y nos responde: “Pico piedras”. “¿Y estás contento?” -le insistió-. “¡Bah! No me pagan mal del todo” -nos responde mientras se limpia el sudor de la frente y calcula cuánta faena le queda todavía esa mañana-. Se acerca, entonces, a un segundo picapedrero y le pregunta: “¿Qué haces?”. “Pico piedras para una catedral” - responde-. “¿Y estás contento?”. “Sí”, aclara. “Me pagan a tanto la pieza, y como soy el más rápido, me gano también un sobresueldo”. Le pregunta finalmente a un tercero, que parecía muy concentrado en su tarea: “¿Qué haces?”. El picapedrero levanta la mirada, y con una sonrisa de orgullo, responde: “Construyo una catedral”. Viendo la satisfacción que irradia su expresión, no hay ni que preguntar si está contento. Charles Péguy se aleja de la cantera, admirando la silueta de la catedral que se levanta en la vecina ciudad.

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